Web 2.0…, o de cuando las nubes hablan entre sí.

Estoy haciendo una prueba de edición desde mi teléfono celular. Si usted puede leer esto, quiere decir que el experimento fue exitoso y que las maravillas de la web 2.0 nos sonrien a todos.

Lo tengo todo bajo control. Mi Twitter se actualiza con lo que escribo desde la aplicación que tengo instalada en mi teléfono. Facebook se actualiza con lo que escribo en otras redes sociales, como con las noticias que comparto desde el Google Reader, o este blog.

Todo esto es posible gracias a la web 2.0. Palabras más palabras menos, se trata de esos sitios web que tienen capacidad de conectar con otros servicios online, los llamados “SaaS”, y que, mediante una serie de protocolos y credenciales, facilitan a los servidores conectarse entre sí para brindar un resultado al usuario.

Estamos hablando de nubes que se conectan entre sí y que automatizan el manejo de data en beneficio del marketing, los procesos de ventas, el soporte al cliente, las transacciones y muchas otras áreas clave de las organizaciones.

Probablemente, en el futuro leamos esto y riamos por lo complicado que suena el tema de configurar nubes. Tal vez, las redes sociales o servicios que mencioné arriba, no se mantengan en el tiempo, no lo sabemos.

Por ahora, esta capacidad de automatizar los servicios de la web, ofrece oportunidades gigantes a todos (los conectados). Veremos hasta donde podemos desarrollar capacidades en favor de la economía global, los países con mayor rezago, el acceso a la información y el intercambio cultural.

No obstante, también hay reservas: ¿La seguridad de nuestra información?, ¿la privacidad?, ¿la brecha digital entre los conectados y los no conectados hará más amplia la brecha de ingresos?, ¿tendremos esa sociedad orwelliana que vimos en Minority Report? Son las preguntas con las que nos vamos a dormir quince días antes de mi cumpleaños número 22, a finales de la primera década del Siglo XXI.

De vuelta

Hoy, tras mas de un año de no visitar este sitio, me he decidido a volver a escribir de vez en cuando. Lo hago por que me invade la colera cuando leo todo lo que pasa en este pais. Estamos gobernados por incompetentes, seguimos teniendo la politica electorera cortoplazista de las ultimas decadas, seguimos teniendo problemas que mas alla de merecer queja o berreo, merecen la burla y la lastima de el ciudadano relativamente informado. (en mi caso, yo entiendo que en la Administracion Publica no hay mala fe, solo una increible limitacion cerebral y un poco sentido comun, lo cual conlleva a la ineficiencia que vivimos en todo lo que tenga que ver con la cancha pública)

Como a poca gente le interesara leer lo que un sancarleño tiene que decir, lo hare siempre de una forma breve, y tratando temas no muy profundos, de hecho, quiero dedicar este espacio a reflejar la cotidianidad. Quiero aprovechar la sorpresa que me lleve en la lista de Gadjets de Blogger, ahora puedo escribir desde Twitter, desde el Google Reader, desde mi telefono movil, en fin, desde donde putas se me pegue la gana.

Para uno que vive acá en estos territorios tropicales poco desarrollados, llenos de todo tipo de especimenes, desde politicuchos de palzoleta hasta los wannabes 2.0, pasando por la estupida maestra, digo ministra, Del Vecchio y un sin numero de comunistoides y pseudo-revolucionarios de chancleta, el mundo de la informacion digital ofrece un interminable repertorio de caballadas y animaladas por parte de figuras públicas, las cuales merecen ser envestidas por el toro.

Espero que me acompañen.

Un techo para mi país

Cada 4 años se celebra el Día del Pobre, el nuevo mandatario les promete un mejor futuro con empleo, educación, salud y vivienda digna; sin embargo, el 9 de mayo, todos los infortunados vuelven a ser un número bajo una línea de pobreza. La época navideña sirve para que los pobres tengan su sueño y la televisión transmita el sufrimiento ajeno. Ahí ellos son las estrellas, pero la mayoría de los que no viven esta experiencia en carne propia se mantienen expectantes e indiferentes.

Hace poco 200 jóvenes, voluntariamente, tuvimos oportunidad de hacer lo que los bonos de la vivienda no han conseguido: construir una vivienda digna para muchas familias que habitan entre la tierra y las latas oxidadas que les sirven como “casa”. El proyecto de Un Techo Para Mi País (UTPMP) impulsado desde Chile es altruismo legítimo; solo se construye una casa pero, a la vez, nosotros los jóvenes deseosos de preparar un mundo menos desigual, vemos el problema de frente y con sus dimensiones reales. Por un lado estamos dando una mano al Gobierno, que se entorpeció en la labor humanitaria directa sobre las familias en pobreza extrema; por otro, estamos haciendo posible una realización personal que tenemos todos los jóvenes en cuanto a mejorar la calidad de vida de la mayor cantidad de gente posible. Construir 5 casas en un precario donde viven hacinadas 100 familias es solo un cambio minúsculo para un gran problema, pero para una de esas familias si es un empujón enorme: ¡Una preocupación menos!

Paradojas. Las cifras oficiales dicen que hay entre 15% y 20 % de la población bajo la línea de pobreza ( Estado de la nación , 2007). Solo bastan 5 familias para razonar sobre lo que sufren los otros 68.000 hogares en dicha condición y ver que la gente no es pobre por que quiere o por vagancia, sino porque el día a día limita en muchos aspectos a todas estas personas. Otro dato que resulta paradójico es que Curridabat –donde construimos esas 5 de las 24 casas– es el tercer cantón en desarrollo humano y líder en urbanismo, inversión y profesionales graduados (IDH, 2005); sin embargo, la realidad que vimos es otra: Miravalles, Valle del Sol y otras comunidades de Tirrases viven sumidas en la pobreza y al amparo de las organizaciones de bien social, sin que los más pequeños puedan aspirar a salud, educación y el sueño de un mejor mañana. Fue suficiente preguntar a un niño: ¿Qué quiere ser cuando sea grande? y no recibir respuesta, para entender la visión de mundo que están heredando las nuevas generaciones en zonas como estas.

Los bonos de la vivienda muchas veces se han convertido en una de las tantas piezas de clientelismo electoral del engranaje político nacional; es vergonzoso tener que reconocerlo ante extranjeros. No es posible acabar con el problema de un día para otro mediante un decreto o ley, pero tampoco es justificable que los recursos destinados a erradicar tugurios y mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos terminen gastados en trámites burocráticos o, en el peor de los casos, en las bolsas de un inescrupuloso. Tal vez apoyando iniciativas como las de UTPMP, que son de acción directa y voluntaria, se esté dando un paso grande en el combate a la pobreza que este país tiene pendiente. Que los recursos vayan a personas con la voluntad de ayudar de corazón porque, si por la víspera se saca el día, a la voluntad política nos quedaremos esperándola muchas décadas más.

Aparece primero en nacion.com el 24 de diciembre de 2007.